La princesa triste

4 abril 2009

Buenas a todos.

Quizá alguien me pueda tachar de pedante, pero, como este es mi blog, pues hago lo que me sale de mis reales (más por verdaderos que por linaje). La cuestión es que, leyendo algunos libros de matemáticas de diferentes autores, podemos encontrar diferentes historietas curiosas, creadas por mentes privilegiadas, que quiero compartir con quien lea este blog, entre otras cosas para que el contenido del mismo sea más atractivo, y por tanto aumente su número de visitas, que de eso se trata. Por otro lado, me obligo a leer la colección de libros que me compré, algunos de los cuales aún están por desplastificar (lo reconozco, en ocasiones soy un ávido consumidor).

Dentro de la categoría MATEMATICA, habrá, como mínimo, dos subcategorías: Historias, en la cual está esta primera, y Problemas, si bien esta última aún está por definir.

Bueno. A lo que íbamos. Esta primera la he sacado del libro de Adrián Paenza, “Matemática, ¿estás ahí?”. Me hizo mucha gracia cuando la leí, porque me la había contado un profesor de la Universidad (por desgracia, hace tanto tiempo que ya no me acuerdo de su nombre, aunque debería, por su dedicación y buen hacer) y dice así:

HOTEL DE HILBERT

Los conjuntos infinitos tienen siempre un lado atractivo: atentan contra la intuición. Supongamos que hubiera un número infinito de personas en el mundo. Y supongamos también que hay un hotel, en una ciudad, que contiene infinitas habitaciones. Estas habitaciones están numeradas, y a cada una le corresponde un número natural. Así entonces, la primera lleva el número 1, la segunda el 2, la tercera el 3, etcétera. Es decir, en la puerta de cada habitación hay una placa con un número, que sirve de identificación.

Ahora, supongamos que todas las habitaciones están ocupadas y sólo por una persona. En un momento determinado, llega al hotel un señor con cara de muy cansado. Es una hora avanzada de la noche y todo lo que este hombre espera es terminar rápido con el papeleo para irse a descansar. Cuendo el recepcionista le dice: “Lamentablemente no tenemos ninguna habitación disponible ya que todas las habitaciones están ocupadas”, el recién llegado no lo puede creer, y le pregunta:

-Pero cómo… ¿no tienen ustedes infinitas habitaciones?

- Sí – responde el empleado del hotel.

- Entonces, ¿cómo me dice que no le quedan habitaciones disponibles?.

- Sí, señor. Están todas ocupadas.

- Vea. Lo que me está contestando no tiene sentido. Si usted no tiene la solución al problema, lo ayudo yo.

Y aquí conviene que ustedes piensen la respuesta. ¿Puede ser correcta la respuesta del recepcionista “no hay más lugar”, si el hotel tiene infinitas habitaciones? ¿Se les ocurre alguna solución?

Aquí va: “Vea” continuó el pasajero. “Llame al señor de la habitación que tiene el número 1 y dígale que pase a la que tiene el número 2. A la persona que está en la habitación 2, que vaya a la del 3. A la del 3, que pase a la del 4. Y así sucesivamente. De esta forma, toda persona seguirá teniendo una habitación, que “no compartirá” con nadie (tal como sucedía antes), pero con la diferencia de que ahora quedará una habitación libre: la número 1″.

El recepcionista lo miró incrédulo, pero comprendió lo que le decía el pasajero. Y el problema se solucionó.

Bien, sobre este enunciado surgen posteriormente más preguntas, como p.ej.: “Y, si, en lugar de un viajero, ¿llegan dos? ¿o cien? ¿y si llegaran infinitas personas?”.

Yo aporto mi granito de arena diciendo que el pobre hombre está muy cansado, y el recepcionista acabaría hasta los mismísimos de la infinita faena que tendría en hacer esa absurda operación que le llevaría infinito tiempo, con lo cual el viajero acabaría infinitamente cansado. Yo, simplemente, lo acomodaría en la habitación infinito más uno .   XD

 

Aquí va otra historieta, que da título a esta entrada, y que me resulta simpática, por suponer un claro ejemplo de pensamiento paralelo:

Una conocida serie checa de dibujos animados cuenta, en sucesivos capítulos, la historia de una princesa cuya mano es disputada por un gran número de pretendientes.

Estos deben convencerla: distintos episodios muestran los intentos de seducción que despliega cada uno de ellos, de lo más variados e imaginativos.

Así, empleando diferentes recursos, algunos más sencillos y otros verdaderamente magníficos, uno tras otro pasan los pretendientes pero nadie logra conmover, siquiera un poco, a la princesa.

Recuerdo por ejemplo a uno de ellos mostrando una lluvia de luces y estrellas, a otro efectuando un majestuoso vuelo y llenando el espacio con sus movimientos. Nada. Al fin de cada capítulo aparece el rostro de la princesa, el cual nunca deja ver gesto alguno.

El episodio que cierra la serie nos proporciona el impensado final: en contraste con las maravillas ofrecidas por sus antecesores, el último de los pretendientes extrae con humildad de su capa un par de anteojos, que da a probar a la princesa: ésta se los pone, sonríe y le brinda su mano.

En fin, simplemente me parece muy bueno.

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