Esta semana me ha sorprendido enormemente la reacción del pueblo de Irán después de las elecciones presidenciales celebradas el pasado viernes.
Siempre me ha llamado mucho la atención ver a un pueblo entero echándose a la calle, manifestándose, luchando por algún derecho perdido. Me impresionaron las manifestaciones de la Plaza de Tiananmen, en China (¿hace 20 años?) y lo mismo me está ocurriendo con las imágenes que nos llegan desde Teherán.
Leyendo todo lo que he encontrado acerca de Irán, me he dado cuenta que Irán no es un país cualquiera. Estamos hablando de un país de unos 1.650.000 km2 (España 500.000), unos 80 millones de habitantes (España no llega a los 50), la 3ª reserva mundial de petróleo del mundo, puede cerrar el estrecho de Ormuz (puerta del golfo pérsico al índico), por donde circula cerca del 40% de la producción mundial de crudo, y, con la tecnología militar y nuclear que ha desarrollado y el lugar físico que ocupa, se trata de una pieza estratégica en el ajedrez que supone la zona de Oriente Próximo (no olvidemos las amenazas israelíes de bombardear Irán en otoño del presente año). Además es una República Islámica. El cóctel está servido.
Se trata, por tanto, de un país importante a nivel energético y estratégico.
Una vez sabido esto, es importante tener en cuenta que el actual presidente, Mahmud Ahmadineyad, tiene una notable tendencia pro-rusa. Eso hace que la ficha que supone su país tire hacia la derecha, en un momento en que las potencias occidentales intentan hacerse con poder en la zona.
Todo esto es importante porque, desde antes de celebrarse las elecciones, los medios de comunicación occidentales han seguido muy de cerca a las mismas. Y, en el momento de conocerse los resultados de las elecciones, todo el mundo ha dado validez a la teoría del pucherazo.
No seré yo quien diga si hubo o no dicho pucherazo. Lo que sí me gustaría decir, como opinión personal, es que me parece que demasiados poderes energéticos, estratégicos, militares, religiosos y políticos, están utilizando para sus aspiraciones la fuerza de un pueblo, posiblemente primero en las urnas, pero después también en las calles.
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