In memoriam

Después de todo lo que he podido leer acerca de Vicente Ferrer desde su muerte, me quedo con esta dedicatoria de Blanca Romañà, de la Fundación Vicente Ferrer, publicada por El Periódico el pasado lunes, 29 de junio:

“PARA EL HOMBRE DEL PARAGUAS

Quisiera despedirme, con voz firme, con luz de mañana india, con una sonrisa.

Quisiera despedirme sin lágrimas, con serenidad, con el exquisito humor que derrochaste hasta el último momento, cuando no te quedaban fuerzas para hablar. Y aun así sonreías, apuntándome con tu expresiva mano izquierda, que parecía decir “mantente firme y sigue trabajando”.

Quisiera despedirme con alegría, con la tranquilidad del que sabe que te vas a un mundo mejor, que descansas. Que nos dejas el mejor legado del mundo: la obra viva que muestra que erradicar la pobreza es posible.

Anantapur. Miro a mi alrededor y veo el mundo transformado. La tierra seca se ha convertido en campo, las chozas mugrientas en blancas casas, los niños descalzos en sueños realizados. En esta tierra, el silencio de las mujeres se ha transformado en el canto del cambio, los ciegos ya no imaginan que leen sino que ganan los concursos estatales y los sordos interpretan música movidos por la luz de los colores.

Existe una vida mejor para los desposeídos, los paralíticos, los que aparentemente no fueron dotados de fina inteligencia y que sin embargo poseen un gran corazón. Sencillos talleres han dado un vuelco a la vida de miles de personas.

Cuarenta años han pasado, Vicente y Anna, desde que llegásteis a este remoto lugar, Anantapur, dispuestos a dar vuestra vida por los más pobres. Por aquellos que no podían alzar su mirada para ver el mundo. Vosotros acariciásteis su espalda y levantásteis su cabeza, y ellos empezaron a creer en sí mismos.

Paso a paso, fuisteis conociendo cuáles eran sus necesidades y os mezclásteis con ellos hasta ser uno más. Sé que todo empezó con una pequeña luz, y con un cartel en el que se leía: “Espera un milagro”. Pero también sé que todo esto ha sucedido porque vosotros, trabajadores incansables, nunca dejásteis de creer en que era posible.

Vicente una vez le preguntó a Anna: “¿Tú qué harías si no pudieras hacer grandes cosas?” y Anna le respondió: “Pues haría cosas pequeñas”… Y lo pequeño fue haciéndose grande hasta convertirse en el increíble cambio que tenemos ante nuestros ojos, por donde caminabas protegiéndote del fuerte sol bajo un sencillo paraguas.

Vicente, quisiera despedirme, dándote las gracias por habernos enseñado que juntos podemos transformar el mundo en un lugar más humano. Gracias por ayudarnos a entender que todos somos hermanos, y que merecemos las mismas oportunidades, sea donde sea que nos encontremos de esta tierra.

Gracias, porque tu ejemplo nos ha mostrado el camino. Un camino que, como siempre decías, es difícil y requerirá de muchas generaciones. Y no dejaremos de trabajar, lo prometemos. Sabemos que tú lo habrías querido así.

Quisiera despedirme, aunque sé que vives en cada brizna de verde hierba que crece debajo de una piedra, en cada rincón de nuestros corazones.

Y aun así… Yo quisiera no despedirme.

Hasta siempre, hombre del paraguas, Vicente Ferrer. Con todo mi cariño.

Hasta siempre, hombre del paraguas, Vicente Ferrer. Con todo nuestro cariño.

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