Necesidad imperiosa
En ocasiones uno tiene que parar en el camino para poder apreciar si ese es el camino que quiere seguir.
Sí, efectivamente. Durante todo este año, tengo la extraña sensación de no saber muy bien hacia dónde voy, o quizá saberlo pero no dirigirme correctamente hacia ese objetivo. Tanto en mi vida personal como en mi trabajo, me veo como una veleta, movido más por los sucesos que por mis propias decisiones.
Llevo todo un año con un tremendo complejo de bombero, apagando siempre el fuego más grande y permitiendo que los pequeños crezcan. Mi capacidad de concentración se ha reducido enormemente, y mi memoria prácticamente ha desaparecido. Luchando y trabajando, sí, pero sin orden ni concierto, y al final los errores se pagan.
Por tanto, urge parar y reflexionar. Acabo de cumplir 39 años, y no quiero llegar a los 40 y tener esa sensación de que he trabajado para nada. Por buenas que sean las intenciones, si no las consigues no sirven. Se quedan en eso, en intenciones.
Es necesario, pues, que modifique mis costumbres, mis hábitos, mis vicios. Es necesario que disponga más orden en mi vida diaria. Que no pierda de vista, ni de mi agenda, los objetivos previstos. De lo contrario seguiré fallando en mi faena y en mi vida. El camino que quiero seguir ya lo sé, ahora sólo falta que lo retome y no me vuelva a perder por factores externos.