Estas pasadas Navidades, como lote de Navidad, la empresa me regaló una caja de tres botellas de cava y un olivo. Sí, sí, habéis leído bien, un olivo. Pequeñito, eso sí, que grande no hay quien lo meta en el coche. Ahora pregunto yo lo mismo que pregunté entonces. Vamos a ver piltrafilla, ¿dónde narices meto yo un olivo, si vivo en un piso de escasos 55 m2?

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